Los 7 pecados capitales: La Ira

Después de la pereza, el siguiente pecado es la ira, una sensación que alguna vez sentimos y que hoy la transformo en relato, eso sí, aviso,  un poco más “fuerte” esta vez, espero que os guste, bienvenid@s a #sexoenjueves.

A partir de aquí, si sigues leyendo es porque eres mayor de 18 años y aceptas y eres consciente de que es un relato erótico y/o pornográfico.

4. La Ira
Sentimiento sin ordenar, descontrolado, de odio y enfado.Impaciencia con los procedimientos, deseo de venganza, fanatismo.
 
Relato
Beep-Beep
El móvil sono avisando de un nuevo whastapp, Lucía lo cogió y vió que era Rubén, lo abrió:
“Cuando vengas a casa, más te vale que te prepares, porque te la voy a meter hasta el fondo..”
La cara de Lucía se quedó paralizara, sus ojos leían y releían la frase sin poder dar crédito. Miró el contacto temiendo que alguien se hubiera equivocado pero no, efectivamente era Ruben.
Impactada, le contestó:
“Ehh Rubén, ¿estás en casa? ¿estás viendo algo?”.  Enviar
Este se ha puesto una porno y se ha calentado de mala manera jajaja, se decía para sí Lucía.
Beep-beep, otro whastapp:
“Quiero verte a ti, ¡ya! aquí, ahora!, te voy a dar pero bien”
Uy..este está muy raro..
“Rubén, ¿te pasa algo?” (carita con la mueca a un lado). Enviar.
“He dicho que vengas ¡ya!”
“Jajaja (carita con lágrimas en los ojos de risa), sabes que no puedo salir hasta dentro de 20 minutos.. Enviar.
“Anda, qué te pasa? a qué viene esta prisa y estos modales eh?.” Enviar.
“Te espero en casa, date prisa”
últ. vez a las 13:43
Uy, pues vaya, pensó Lucía. Éste está muy raro, ¿que narices le pasará?
Los minutos que le quedaban en el trabajo a Lucía fueron poco productivos, tenía la cabeza en otro lado, intentando explicarse a qué venía estos mensajitos y esa actitud de Rubén.
Llegó la hora y Lucía salió de camino a casa, apenas tardaría en llegar 15 minutos, pero se le estaban haciendo eternos, tenía un nudo en el estómago por los nervios, la incertidumbre.
Abrió la puerta de casa.
– ¿Hola?, Rubén, ¿estás aquí?- preguntó mientras se quitaba el abrigo y el bolso.
Rubén apareció al fondo del pasillo, desnudo, con una sonrisa pícara y unos ojos llenos de deseo.
– Ah… estás ahí, oye ¿me puedes explicar a qué viene todo esto y qué haces desnudo?- Lucía le miraba de arriba a abajo, escaneando cada centímetro de su cuerpo, parándose sin evitarlo y sin pudor alguno en su miembro.
– Ssshhutt, cállate.-
Lucía le miraba, sorprendida por la actitud de Rubén. No entendía nada, su gesto era una mueca perfecta entre sonrisa y asombro.
– Quítate la ropa, ahora.- Dijo Rubén mirándola a los ojos.
– Rubén, de verdad, ¿a qué viene todo ésto?
– Que te la quites, ya!
– Pero a ver…es..- No dejó que terminase la frase, Rubén sacó un pañuelo que llevaba en la mano y se lo ató de manera que no podía hablar, le sujetó las manos con otro pañuelo un poco más grande y la empujó contra la puerta de la entrada.
-Te he pedido por las buenas que te quitases la ropa, ahora, lo haremos por las malas…-
Lucía estaba sorprendida, esta actitud era totalmente nueva y desconocida para ella, nunca había visto a Rubén así. Se quedó petrificada.
Rubén le quitó los zapatos, le desabrochó los pantalones y  se los quitó. Como tenía las manos atadas a la espalda, no podía quitarle la camisa, así es que no pensó mucho y se la abrió de golpe, saltando los botones por el aire y Lucía poniendo una cara entre enfado y más asombro aún.
Y allí estaba ella, amordazada, atada y en ropa interior, y ¡todas las persianas del salón subidas!
– Huuummm heemmm- intentaba balbucear Lucía.
Rubén la miró y ésta intentó hacer un gesto con los ojos hacia las ventanas, como diciéndole que fuese consciente que les podían ver.
Rubén sonrió de medio lado, sabía lo que Lucía le estaba diciendo, el había preparado todo adrede, persianas subidas, cortinas apartadas, sin problema para que se viera desde fuera todo.
La empujó más sobre la puerta de la calle, Lucía notó el miembro de Rubén duro sobre su ingle, le miró y éste le susurró al oido:
-Lo se, quiero que nos vean, quiero que todo el mundo vea como te la voy a meter.
Lucía abrió los ojos y le miró, desprendía deseo por todos los poros de su piel.
Rubén se apartó un poco pero sujetándo a Lucía con el antebrazo en el pecho, la miró de arriba a abajo y se volvió a acercar esta vez llevando su mano hasta su pubis, tocando por encima de la braguita el clítoris de Lucía.
Lucía soltó un suspiro.
Metió la mano por debajo de la braguita y le introdujo de golpe dos dedos, haciendo que Lucía se elevase por la sensación.
Ahí estuvo un rato, notando como Lucía se mojaba, sacando y metiendo los dedos, tocando el clítoris y volviendo a introducirle los dedos de golpe.
Lucía se estaba dejando llevar, vale que la situación se había tornado incómoda al principio, pero ahora, había sucumbido al juego de Rubén.
Rubén sacó los dedos húmedos de la vagina de Lucía, y apartándole el sujetador, los pasó por los pezones erectos, humedeciéndolos con el flujo de ella.
Lucía miraba y se excitaba cada vez más.
Acto seguido, este se puso delante de ella, le cogió los pechos y metió la cara entre ellos, chupándolos salvajemente, dando pequeños mordisquitos, apretando, lamiendo…
Lucía gemía cada vez más, además notaba el pene de Rubén y lo quería ya, pero atada como estaba, pocos movimientos podía hacer, los que el quisiese.
Rubén después de estar un rato saboreando los pechos de ella, la miró y le hizo un gesto con el dedo de silencio.
Le quitó el pañuelo de la boca y se lo puso en los ojos.
-Vaya…, pensó Lucía.
Rubén la arrodilló delante de él, le sujetó del pelo, cogió su pene y empezó a acariciar con él, la cara de Lucía, primero por las mejillas, acercándoselo a la comisura de los labios, pasando fugaz por su boca momento en el cual Lucía sacaba la lengua intentando degustarlo.
-Abre la boca..
Dicho y hecho, Lucía arrodillada delante de él, sin poder ver, atada de manos, obedecía sin decir nada.
Rubén le introdujo el pene en la boca notando la humedad, el calor, la lengua de ella..
Lucía empezó a chupar, a lamer, lo que Rubén la dejaba porque era él quien marcaba el ritmo, le tenía sujeta la cabeza y la utilizaba a su antojo.Estaba siendo tan profundo que empezaba a tener arcadas, por lo que intentó apartarse un poco, mostrar algo de resistencia para que se diese cuenta que así no, intentó hablar pero se hacía difícil.

-¡Callate! No te di permiso para hablar, sigue chupando y ni se te ocurra decir nada.-

Lucía recordó las técnicas para no sufrir arcadas ante esta práctica, nunca las había necesitado, era ella la que marcaba la profundidad, pero visto que estaba a su merced, tendría que recordar cómo hacerlo.

Así la tuvo un rato, ultilizando su boca para marturbarle, a veces profundo, otras veces solo la punta, a su merced.

– Ponte de pie- dijo Rubén

Lucía obedeció sin decir nada.
– Esto te pasa por no hacer caso a la primera, ¿vas a ser buena chica y obedecer?
– Si, pero Rubén….
– Sshhusstt, no digas nada más- y le susurró al oído.. – cuando quieras parar dímelo cariño, es un nuevo juego.

Aquella frase hizo que calmase un poco la incertidumbre ante aquella situación. Empezaba a pensar que se le había ido la cabeza.

– Lo dicho, ¿ vas a obedecer?
– Si

Lucía aún no veía nada, llevaba el pañuelo en los ojos y era incapaz de percibir apenas la claridad de la casa que estaba recordando, estaba abierta de par en par.
No se oía nada

-¿Rubén?…
– Ssshuustt…

Empezó a quitarle el pañuelo de las manos, le quitó la camisa, el sujetador y las braguitas, pero no le quitó el pañuelo de los ojos.

-Te voy a atar con una cuerda Lucía, pon las manos hacia atrás-

 Ella obedeció. Notó como anudaba sus manos, la cuerda no le hacía daño, lo necesario para no poder escapar.

Rubén la cogió de las manos y del pelo, y la llevó hacia la habitación y allí la empujó hacia la cama.
Inmóvil y sin poder ver nada como estaba en aquella situación, sentía un gran morbo, le esperaba…

Rubén le cogió de las caderas elevándoselas a su altura, le acarició el culo, se inclinó sobre la espalda de ella, y sus manos se dirigieron a los pechos, deleitándose con ellos un rato.

-Chupa mis dedos- le dijo Rubén.
Lucía se imaginó que los dedos de Rubén eran su glande y empezó a masturbarlos, Rubén deslizó después los dedos hacia el clítoris de ella, haciendo que ésta, separase las piernas para que pudiese jugar mejor con el.

Movimientos circulares, sin apretar, rápidos y lentos, alternando el ritmo. Mientras con la otra mano, cogió su pene, y se lo introdujo fuerte, gimiendo ambos a la vez.
Estocadas profundas al principio, cambiado el ritmo, introduciendo solo la punta y después fuerte entera. La cara de Lucía contra las sábanas de la cama, sintiendo cada penetración intensamente, fruto del morbo, de la excitación de aquel encuentro.

A Rubén le encantaba esa postura, verla así, gozando, atada, dándole placer sin que ella pudiese hacer nada.

Empezó a tocarle el ano, masajeándolo suavemente, utilizando su propia saliva para lubricar la zona, por cada embestida, introducía un poco más el dedo.
Lucía seguía gimiendo.

Viendo la predisposición a aquella práctica, Rubén sacó su miembro duro y mojado y empezó a usarlo como antes estaba haciendo con su dedo sobre el ano de Lucía.
Rubén le sujetaba el nudo de las manos a Lucía e iba introduciendo poco a poco su pene en ella, observando la respuesta de ella, que seguía gimiendo.

Y entró… Lucía sintió esa presión , esa sensación única, notaba como estaba dentro, como entraba y salía despacio, y necesitó masturbarse, intentó zafarse de las cuerdas, pero no podía.

– Rubén, déjame que me toque….por favor..
– No
– Por favor…

Entonces Rubén alcanzó a coger el vibrador que había colocado estratégicamente en al cama, deshizo el nudo de la cuerda y dijo:
-Solo voy a dejar que te toques con esto- y le puso en sus manos aquel vibrador con estrías que utilizaban alguna vez.

Lucía cogió el vibrador y separando aún más las piernas pero sin despegar la cara de la cama, se introdujo todo lo que pudo en vibrador, acariciando con la otra mano su clítoris. El clímax seguro que no tardaría en llegar.

Rubén la cogió de nuevo del pelo tirando hacia él
– ¿Te gusta?, ¿te gusta cómo entra?
– Si…

Los dos aceleraron el ritmo y un intenso orgasmo acompañado de espasmos, gritos y gemidos dieron el colofón final a aquel encuentro nuevo y excitante para ambos.

Este festival, de mano de Motherkiller será así: (mayores de 18 años)
Los jueves nos expresaremos sexualmente en este carnaval al que todas (y todos), seáis o no mamás o papás, estáis invitados. 
Para participar, no tenéis más que enlazar el link de vuestra propuesta aquí, poniendo el nombre que queréis que figure. También podéis enviar una mención a @mother_killer con la etiqueta #SexoenJueves o a info@motherkiller.com si no tenéis cuenta de Twitter LOS JUEVES ANTES DE LAS 24:00H.


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1 thought on “Los 7 pecados capitales: La Ira

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