Especial #150palabras: El comienzo de la aventura

Ahí estaban las estrellas, como cada noche despejada, Tobías miraba desde su cama a través de su ventana aquellos puntitos que relucían en el cielo. Esos puntitos que le hacían compañía y que a partir de mañana, sin saberlo, le acompañarían en una aventura fantástica que él no se imaginaría jamás que fuese a vivir.

Y así, observando las estrellas, Tobías cayó en un profundo sueño, un sueño extraño como los que últimamanete solía tener, quizás eran los nervios al cambio de casa, de colegio, de barrio, de vida. Eso querían creer sus padres, y así se lo dijeron.
Tobías era distinto en su sueño, se encontraba en un planeta extraño, con seres extraños, era muy confuso, aquellos seres le trataban como si fuese alguien importante. Habitaciones de colores, con pantallas y aparatos luminosos que no tenía ni idea de para qué servían; todos iban de un lado a otro y de repente, un gran estruendo sacudía aquel sitio, y entonces todo era caos, gritos, sentía angustia, no sabía qué tenía que hacer, miraba a su alrededor y se sentía sumergido en una película de esas que sus padres no le dejaban ver, le decían que todavía era pequeño, pero que él veía a escondidas, el espacio, las estrellas, y el universo era su pasión. Las peliculas de ciencia ficción eran sus favoritas, con aquellas naves espaciales, esos poderes sobrehumanos que tenían algunos personajes le fascinaban. Seguramente estudiaría astronomía…o no.

Y sumergido en el caos de aquella situación, sentía que tenia que hacer algo, empezaba a ver cosas horribles, cosas que no salían en las películas que veía a escondidas, no… situaciones inimaginables por un niño de apenas 8 años.

Uno de aquellos seres, se le acercaba, era extraño, no humano, llevaba una máscara que le cubría todo el rostro, con espacios negros donde intuía, estarían los ojos, su cuerpo era robusto, con armadura del mismo tipo que su máscara, de un color gris, algo estropeado, pero aun así se veía que seguramente habría costado muchísimo hacerle un roce a aquel escudo. Portaba una especie de lanza, en cuyo extremo en forma de rombo, tenía una especie de piedra que relucía intermitente. Se acercaba con paso decidido hacia él,seguro que era soldado, ¡un soldado fuerte! de los mejores seguramente y era extraño, porque no le tenía miedo.
Cuando llegó hasta donde se encontraba él, le puso una mano sobre su pecho, miró allí donde le tocaba y vió un dibujo con unos símbolos extraños, formaban una espiral, se empezaron a iluminar y era entonces cuando sentía que algo empezaba a emerger de su interior, calor, fuerza, valor… y entonces todo pasaba a cámara lenta. Un gran destello salía de su propio cuerpo, pronunciaba algo que no entendía, ni siquiera era capaz de repetirlo una vez despierto y todo se convertía en luz, una luz cegadora… y vacío. Silencio, solo había silencio durante ¿unos segundos, minutos, horas?, no sabría definir, y de repente, un pasillo oscuro aparecía, le engullía y despertaba sobresaltado entre sudores, tocándose el pecho inconscientemente y buscando su inhalador para poder respirar.

– Mamá, he vuelto a soñar con…- decía Tobías en el desayuno.
– Ya sabes Tobías, son los nervios al cambio, es solo un sueño, no te preocupes ¿vale?-
y con un beso en la cabeza, daba la conversación por terminada.

Tobías se quedaba absorto dando vueltas a la leche con aquellas pompitas de cacao que tanto le gustaban y que alguna vez le hacían toser. Una y otra vez recordaba el sueño, ¿no se supone que se olvidan?¿ por qué a el no?¿ por qué recordaba el sueño como si lo hubiese vivido?
Era tan real…

-Tobias, vamos, tomate el desayuno,¡ que hay muchas cosas que hacer!, ¿has recogido toda tu habitación?¿ has metido en cada caja tus cosas?, ya sabes que en la nueva casa vas a tener un cuarto más amplio para ti, pero eso no significa que tengas que llevarte todo ,puedes donar un montón de libros, de juguetes,¡ incluso ropa!
– Si mamá…..- decía automáticamente.
– Bueno bueno, ya veremos luego si no me toca repasar tus cajas….-
– Que no mama…-Tobías seguía removiendo la leche con cacao.
-Tobías, mírame- su madre se puso delante suya, se sentó y le elevó la barbilla – Todo va a salir bien, ya lo verás. Vas a tener un cuarto más grande, el colé estará mas cerca y harás nuevos amigos…
– ¿Amigos? mamá…, nadie quiere que sea su amigo, me dicen que soy raro.
– No eres raro, eres especial.
– Ya, que típico mamá…-
-Un día te darás cuenta de que lo que te digo es verdad, no es un simple dicho, eres muy especial y la gente se dará cuenta de ello,  y ahora venga, termina el desayuno y ayúdame con las cajas ¿vale? – le tendió la mano para que chocara y éste lo hizo aunque con desgana.

El camión de mudanzas vino puntual, empezaron a cargar todas las cajas, todos los muebles, poco a poco aquella casita pequeña, pero tan acojedora, se iba quedando vacía. Ee eco asomaba por las habitaciones y Tobías veía cómo se alejaba de un entorno en el que se sentía seguro, tranquilo, aquella era su casa, su refugio. Ahora iría a un sitio nuevo al que no conocía y tendría que buscar sus estrellas por la noche, ¿las vería bien?.

-¡Tobias! acuérdate de coger tus medicinas..
-Puf, claro mamá, no se me olvidan-dijo Tobías con resignación.

Había hecho una cajita especial con todas sus cosas. Su estuche para las gafas, con su toallita y su cuerda para atárselas bien ya que era propenso a romperlas.
A pesar de llevarlas desde muy pequeño, nunca se acostumbró a ellas, le molestaban, no le gustaban y no solo por lo feas que eran debido a su cristales gordos por su miopía extrema con astigmatismo severo, sino porque había sido motivo de burla en el colegio.
También llevaba su inhalador para el asma, siempre consigo, aunque su madre le decía que en el nuevo hogar mejoraría ,ella siempre tan optimista..
Y no faltaba su caja especial para la medicación diaria ,los medicamentos colocados por orden alfabético y con las horas y tomas que debía tomar apuntado en cada caja.

La mudanza duró todo el día, fue un ir y venir de objetos, de gente que no conocía y que se llevaba sus cosas a los camiones.
Su madre no paraba, estaba nerviosa, a veces le buscaba con la vista, y le lanzaba una sonrisa fugaz. Tobías sabía que era con buena intención, estaba preocupada por él, y le respondía con otra sonrisa , una tímida. Algo sentía con este cambio, no sabía si sería bueno o no, pero algo raro notaba.

Al final del día llegó su padre, llevaba varios días de viaje y prometió que llegaría a tiempo para la mudanza.
Un hombre de negocios, que había luchado mucho en el sector del comercio tecnológico. De familia de clase media baja, estudió y trabajó a la vez para poder pagarse sus estudios. Muchos días de trabajar hasta tarde y estudiar de madrugada para ir sacando su carrera, luchando por ser lo que siempre había querido ser. No quería verse como sus padres, trabajando en lo que podían, viviendo y sufriendo por no llegar a fin de mes, angustiados y tristes por no poder pagar los estudios de sus hijos. Él estudiaría una carrera y lucharía por el día de mañana, poder ofrecer todo lo que a él le faltó…..

Continuará…..

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