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Consejos para hacer colecho desde el nacimiento

Con un bebé, además de alegrías, todo son responsabilidades que asumir y decisiones que tomar. Se les quiere dar lo mejor, pero no hay una ciencia exacta que determine qué es, e incluso las recomendaciones pueden variar de pediatra a pediatra. Así sucede con el colecho.

Se ha escrito tanto sobre él que no esperamos que el concepto coja por sorpresa a ninguno de nuestras/os lectoras/es, pero, por si acaso, damos un repaso a la teoría. Colecho, como su nombre indica, es compartir la cama para dormir. Se entiende que debe ser algo regular y permanente en cierto sentido, de manera que no practica el colecho quien solo se lleva al bebé a la cama algunos ratos durante el día, especialmente cuando despierta por la mañana.

Tanto se ha debatido sobre el colecho últimamente que puede parecer una práctica moderna, pero nada más lejos: en otras culturas (en algunas aún es) era habitual que la familia entera, incluso la tribu al completo, durmiera en el mismo lugar.

Son muchos los que hablan de sus beneficios: el niño duerme con tranquilidad y seguridad, alcanza mayor calidad de sueño, se facilita la lactancia materna y se fortalece el vínculo, además de que padres y madres también dormirán mejor.

Si tenéis el convencimiento de intentarlo pero aún no has profundizado mucho en la cuestión, te damos algunos consejos útiles.

1. Infórmate bien

Es recomendable que preguntes a tu pediatra, pero hay muchas probabilidades de que no te dé una respuesta categórica sobre el asunto. No debería hacerlo, al menos, pues al final la decisión es de madres y padres, sobre todo de las primeras por ser las que dan el pecho.

El Comité de Lactancia Materna y el Grupo de Trabajo de Muerte Súbita Infantil de la Asociación Española de Pedatría (AEPED), invitan a tener en cuenta una serie de factores cuando se trata de menores de seis meses de edad. Para empezar, hay que partir de que la forma más segura de dormir es en su cuna, bocarriba y cerca de los padres. Existe evidencia científica, dicen, de que eso disminuye el riesgo de muerte súbita del lactante (SMLS) en más de un 50%.

La AEPD considera que el colecho es una práctica beneficiosa para el mantenimiento de la lactancia materna, la que a su vez tiene un efecto protector frente al SMLS. Sin embargo, no la recomienda si el pequeño tiene menos de tres meses, si es prematuro o tiene poco peso por cualquier otra circunstancia o si los padres consumen tabaco, alcohol, drogas o fármacos sedantes. Tampoco si entre ellos hay situaciones de cansancio extremo, como sucede en el postparto inmediato, ni si se van a usar superficies blandas como los colchones de agua o los sofás.

Es decir, que para practicar el colecho habría que tener garantías de que el bebé no corre ningún peligro.

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2. Escoge bien la cuna

La AEPD recomienda practicar el colecho a partir de los tres meses, pero no compartir la cama con otras personas, ni siquiera otros niños. ¿Cómo se practica el colecho entonces? Con la cuna adecuada.

Para poder empezar a practicar el colecho desde antes de lo que recomienda la AEPD, por lo tanto, hay que descartar la cama de matrimonio, aun siendo de grandes dimensiones o cuando solo va a acoger a un adulto y al bebé. Lo ideal es hacerse con una cuna que permita practicar el colecho, es decir, que garantice que el bebé cuente con un espacio que no será invadido accidentalmente por nadie, pero, a la vez, que este se configure como un anexo a la cama de los padres sin obstáculos de por medio.

Hablamos de opciones como la Next to me, una de las minicunas colecho más vendidas en Amazon y recomendada por páginas especializadas como cunacolecho.eu. Es de Chicco, una de marcas infantiles más conocidas y valoradas del mercado, y se puede utilizar desde los seis meses y hasta que el bebé alcance los nueve kilos. Su estructura es de metal y el habitáculo de tela.

Es una opción versátil, pues se puede usar como moisés de día y, por lo noche, fijarse a la cama de los padres con las dos correas de las que está provista. Se debe abrir también su ventana lateral de malla con cremallera, ajustarse en altura cuanto sea necesario y accionar los frenos de sus ruedas para mayor seguridad.

Por lo tanto, la cuna colecho perfecta es la que se puede colocar a la altura de la cama, luego presenta los ajustes necesarios, se fija de manera segura para evitar el movimiento y permite que el bebé esté accesible en todo momento.

3. Líbrate de prejuicios

La maternidad implica responsabilidades, decíamos, pero también resulta liberadora en cuanto a que, a medida que el bebé crece, aprenderás a tomar decisiones por ti misma/a siguiendo tus propias deducciones, no lo que digan los demás. Verás lo reconfortante que resulta.

Si comentas con tu entorno la idea de practicar el colecho oirás de todo, desde los que la apoyan con neurociencia, quienes te apoyan y están dispuestos a darte consejos a quienes te juzgarán: que si los niños se acostumbran y luego no habrá quien los lleve a su cama, que si impide que la pareja intime, que si evitará que descanséis bien, etc. Hay opiniones sobre el colecho de todos los tipos.

Nadie puede predecir qué va a suceder en el futuro, pues igual que hay niños a los que les ha costado mucho la transición a su habitación, los hay que la han hecho sin trauma alguno. Y que quede claro: no es nada malo que tu hijo se acostumbre a tu cariño y a tu cercanía, todo lo contrario: es precisamente lo que necesita.

Con todo, esperamos que nuestros consejos te sirvan, pero recuerda que la decisión es solo vuestra. Y no tengas miedo a algo tan humano como cometer errores.

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