150 palabras: Capítulo 16 (enfado, tímido, discurso) extra

150palabras

– Yo se absolutamente todo sobre vosotros, incluso desde antes de llegar aquí- dijo Cahya.

– Pero no lo entiendo, solo nos dices cosas que nos hacen plantearnos más preguntas, que si un espejo, que si te pones a hablar en no se qué idioma, que si no necesito el inhalador…- increpó Tobías.

El enfado de Tobías era mayúsculo, incluso él mismo se estaba sorprendiendo de oírse, ya que no era propio de él comportarse de tal manera. Siempre era calmado, discreto, tímido quizás. Sacar ese genio con Cahya estaba siendo todo un descubrimiento.

Juan le miraba asombrado también, nunca había visto a su amigo así.

– Bueno bueno Tobías – intentó calmar los ánimos Juan- seguro que Cahya nos lo explica todo ahora, ¿verdad?-. Miró a Cahya fijamente, esperando que prosiguiese en su discurso y que por fin, algo dedujeran de todo lo que estaba pasando desde que encontraron aquella caja.

¿ Quién me mandaría a mi descubrir esa maldita caja? , se decía una y otra vez Juan.


Quizás si no hubiese ido al altillo de casa, si no hubiese rebuscado entre las cajas llenas de polvo, tapadas con mantas de colores pastel, antiguas, viejas, quizás ésto, no estaría pasando…

Siempre se lo decía su madre:

-Juan, un día te meterás en problemas por esa curiosidad que tienes constante…-

Pero ¿cómo si no, iba a derrotar a los monstruos que acechaban su mundo imaginario, si no era rebuscando por todos lados hasta formar una máquina supersónica que pudiese derrotarlos sin dejar una mota de su presencia?.

¿Cómo iba  a luchar contra unos piratas en pleno oleaje si no tenía un cañón que disparaba rollos de papel higiénico, que  se enrollaban al cuerpo de los piratas impidiendo que se pudieran mover y así poderles abordar?

La verdad es que Juan conseguía inventos para todo o casi todo. Y le gustaba compartirlos con sus amigos, en concreto con Tobías.

Desde que había llegado al barrio, supo que se convertiría en su mejor amigo, y así era. Había dejado un poco de lado a Julio, el vecino de la esquina, al cual le encantaba jugar con canicas y chapas. Se podía tirar todo el día haciendo mil y un recorridos distintos en la arena del parque, con curvas, montañas, socabones, cualquier obstáculo valía para poder montarse en su cabeza una carrera tipo Cars. Tenía chapas de todo tipo, pintadas por el, y que podía intercambiar según sufrieran «accidentes» en plena carrera.

A Juan le gustaba jugar con él, intercambiar canicas, las más brillantes y grandes eran las que más valían.

-Te cambio esta negra… por dos azules- decía Juan a Julio.

– No no…ésta vale más que tus dos azules….mmm..te la cambio por estas dos azules y..¡esa fosforita!- Contestaba Julio.

– Ala..!! son muchas…-

– Pues entonces no te las cambio…-

-Vale vale… trato hecho. ¡Venga! vamos a jugar que te voy a ganar.-

Tardes y tardes jugando en el parque. Allí acudía también Sonia, una compañera de clase que también era del barrio. Algunas veces quedaban para hacer los deberes juntos, aunque con apenas 8 años, pocas veces habían sido. Pero buscaban cualquier momento para poder quedar y jugar. Sonia era  rubia, de ojos color miel pero con mirada penetrante. Menudita en apariencia, porque luego era capaz de ganar a Juan en las carreras. Él le decía que como pesaba poco, menos esfuerzo tenía que hacer para correr, por eso llegaba antes… Le costaba admitir que corría mucho más deprisa que él, quería hacerse el duro, aunque no sabía muy bien por qué.

Entre Julio y Sonia se pasaban los días jugando, hasta que llegaron los nuevos vecinos: Tobías y sus padres. Aquella casa había estado vacía mucho tiempo, incluso él se había aventurado a entrar con su cañón dispara-rollos, a la busca y captura de monstruos, o alienígenas que deambularan por ella. No tenía miedo. Nadie conseguía asustarle.

Allí estaba Juan, en el porche sentado, merendando su zumo de naranja, natural por supuesto, no le gustaban los zumos comerciales, y su bocata de chorizo. ¡Le encantaba el chorizo!. Vió llegar un montón de camiones de mudanzas, como aparcaban en la calle y empezaba a bajar gente, abriendo las puertas y dejando salir muebles y más muebles.

– Oh vaya… se me acabó la exploración a la casa misteriosa- se dijo con tono triste.

Entonces le vio, entre la gente de la mudanza, allí aparecía un niño, de su edad calculó, con gafas, no muy alto, morenito de pelo bien peinado hacia un lado, un poco «repipi» para su gusto. Parecía despistado, algo perdido. Portaba una pequeña maleta, demasiado pequeña para guardar la ropa pensó. Quizás eran juguetes pequeños, quizás coleccionaba chapas o canicas como ellos y los guardaba ahí.

Sin pensárselo dos veces, corrió hacia la casa, dejó su zumo a medio beber y salió hacia él, para descubrir qué llevaba ahí.

Tobías le vio acercarse rápidamente.

-Vaya, ¡qué querrá?, – pensó Tobías- no me conoce, acabo de llegar, pues que bien empiezo…-

– ¡Hola! hola… – Juan gritaba desde lo lejos mientras le  hacía gestos con la mano.

-¡¿Hola…?! – dijo en tono muy débil Tobías.

– ¿Qué llevas ahí? ¿eres nuevo no?, ¿de donde eres? vaya peinado que llevas no? ¿tienes hermanos? ¿y perro? no he visto a ningún perro, ¿no tienes perro?, nosotros teníamos un perro antes, pero se escapó y nunca más supimos de él. Mi hermana pequeña, porque tengo una hermana pequeña, ¿tu eres hijo único? , mi hermana pequeña dice que está viviendo en el  bosque, ese que tenemos ahí ?lo has visto? ven que te lo enseño, porq..

– Espera espera…- intentó pararle Tobías sin éxito.

– ¿Qué pasa, no te gustan los bosques?, no te preocupes, no hay que tener miedo, yo nunca tengo miedo, mi madre dice que un día me voy a meter en problemas porque soy demasiado curioso y no tengo miedo a nada..

– Bueno… curioso si que pareces ser ¿no?- el tono de Tobías seguí siendo bajo, no sabía cómo tratar a ese niño, no hacía más que preguntar, hablar y preguntar, le agobiaba un poco..

– ¡Por cierto!, ¿qué llevas en esa maleta? ¿tienes ahí tus juguetes? Julio y yo jugamos a las canicas y a las chapas, ¿te gustan?. Podemos cambiar canicas si quieres..

– No.. no llevo juguetes, son mis medicinas- dijo Tobías con voz tímida.

– Wuala… ¿todo eso está lleno de medicinas? ¿estás enfermo? ¿qué te pasa? yo hace poco estuve enfermo, mi madre me dijo que no podía ir al cole, tampoco es que me guste mucho, pero lo de estar enfermo mola, todo el día en pijama , en la cama, te traen cosas….

– No ,yo no estoy enfermo como tu..Tengo asma, como verás llevo gafas, las cuales llevo un recmabio en la maleta porque las suele perder o romperlas. Además tengo que tomar unas pastillas para la alergia..

– Aja…ya…. ¿quieres jugar?-

Continuará…

 

 

 

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8 thoughts on “150 palabras: Capítulo 16 (enfado, tímido, discurso) extra

  1. ummmmmmmmmmm menudo regalazo hoy…. más intriga en la primera parte y…. un ¿dónde empezó todo? pero con ganas de más… un besazo y feliz día

  2. Ainssss, qué descanso! Gracias por el «extra». Debo reconocer que me ponía nerviosa no entender casi nada y quedarme siempre al borde de…¿qué?
    Hoy me has hecho muy feliz. Sé cómo empezó todo y eso me ayuda a colocar un poco la acción en su lugar.
    Un beso muy gordo y feliz semana

  3. Me alegra enormemente haberte dejado el extra, porque esto era necesario!!!!! Mola mucho la historia. Ya quiero seguir leyendo más. Consigues darnos un poco y volver a dejarnos con la intriga. Ains, que me gusta un montón!

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